miércoles, 6 de mayo de 2009

Los otros


Título internacional: The others.
Dirección, guión y música: Alejandro Amenábar.
País: España.
Año: 2001.
Duración: 104 min.
Interpretación: Nicole Kidman (Grace), Alakina Mann (Anne), Fionnula Flanagan (Sra. Bertha Mills), James Bentley (Nicholas), Eric Sykes (Sr. Edmund Tuttle), Elaine Cassidy (Lydia), Christopher Eccleston (Charles), Renée Asherson (anciana), Alexander Vince (Victor Marlish), Keith Allen (Sr. Marlish), Michelle Fairley (Sra. Marlish).
Producción: Fernando Bovaira, José Luis Cuerda y Sunmin Park.
Producción ejecutiva: Tom Cruise, Paula Wagner, Bob Weinstein, Harvey Weinstein y Rick Schwartz.
Fotografía: Javier Aguirresarobe.
Montaje: Nacho Ruiz Capillas.
Dirección artística: Benjamín Fernández.
Vestuario: Sonia Grande.
Dirección de producción: Emiliano Otegui y Miguel Ángel González.


La ambiguedad marca esta peli.

Ese estudiante que había deslumbrado al mundo con Tesis había madurado demasiado. El libro La otra vuelta de la tuerca le sirvió para realizar una adaptación espléndida de la novela de Henry James y recordarnos que esta vida puede ser una invención.
Grace, la madre, mantiene un hermetismo en una casona ¿abandonada?, su hijo padece de alergia al sol -cosa tan real en estos tiempos sin tanta capa de ozono- y su hija se contacta con personajes que quizás habitaban la casa donde convive con su familia raramente.
Sucesivas puertas que no pueden abrirse sin el consentimiento de Grace, sin las llaves que proporciona la ama de ese recinto que obliga oscuridad para no afectar al niño.
Cuando vi por segunda o tercera vez el filme en la pantalla gigante no pude evitar sobresaltarme cuando aparece súbitamente una anciana despues del cuerpo de una niña que juega, con marionetas de espaldas y con vestido de velos. Ya en televisión fue distinto.
Quién habría podido imaginar que la anciana era una medium y que los tres: Grace y sus dos hijos actuaban desde el Hades.
Diferencia brutal entre el que sabe que está muerto y el que lo ignora. Seres que fluctúan en las direcciones de la vida y de la muerte.
Locura dirigida a la madre por los tres sirvientes de la casa.
Locura de la madre que por proteger a sus hijos se los lleva al viaje del que nadie regresa.
Anagnórisis. Descubrimiento muy particular de la condición humana.
Epifanía. Revelación más allá de este mundo.
Circular narración que presupone una intrépida intuición de El arte de morir que abruma por su estética pero no nos hace partícipes de lo fantasmagórico y fantástico-tétrico por ese escepticismo y esa ausencia de superstición que nos es tan saludable casi siempre.

Sin embargo cabe decir que la ambiguedad se resuelve y nos sobrecoge el alma, al final.

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