Es mentira que la sociedad actual haya evolucionado. Creo firmemente que, contrariamente, ha involucionado. Las redes sociales y las plataformas de comunicación solo incrementan el rango de una incomunicación humana que no se sabe hasta dónde llegará. Sin ser apocalíptico creo que la tecnología no ha dado sus verdaderos frutos. Los científicos están empeñados en crear mejores sistemas de inteligencia o armas de destrucción, pero han olvidado invertir sus tiempo en cuestiones tan simples como la curación medicinal para el eczema atópico o dermatitis o el sustituto para una columna vertebral que ha sido afectada por un accidente.
Precisamente sobre este último vacío de nuestra existencia moderna o actual se centra la película que ahora me ha llamado a escribir. Un hombre que tiene novia, una compañía y hasta un castillo, pero que lo pierde todo por una distracción cuando estaba hablando por el celular en un cruce de calle: una moto lo atropella.
El hombre sueña que aún puede esquiar o escalar montañas y cuando despierta solo piensa en terminar con su cuadraplejia. Sin embargo a él llega una mujer joven que ha sido lanzada de su trabajo (una cafetería) luego de haber sido camarera por más de seis años.
Ella siempre quiso vestir bien, le encanta la moda pero en el seno de la pobreza de su familia, un álbum hecho por el abuelo es el mejor regalo de cumpleaños. Para él, que ya está dando los pasos en su futura eutanasia, el testamento y dejar "las cosas en su lugar" son prioridades.
No voy a espoliar más, pero me regocija que ciertos cienastas (Me before you, Thea Sarrock, 2016, adaptación de la novela de Jojo Moyes por la propia autora, 2012) aún piensen en los demás seres humanos y en sus conflictos reales antes que en súper héroes inauditos que nos han cegado con su ambición y búsqueda de una "falsa justicia" en un planeta cuyo principal sesgo ahora mismo es la maldad, la dosis de maldad que se ve en la literatura o en el mismo cine o en la misma vida real, por ejemplo, y que tanto aplaca la bondad de este filme.
Es sublime la escena en la que los protagonistas bailan, sí, bailan o fingen bailar sobre la silla de ruedas de él. Ella lo rodea con sus brazos mientras el aprieta el mecanismo que le ayuda a realizar círculos frente a la mirada atónita de los invitados a un matrimonio.
Paúl Puma



