
Más allá de los anhelos frustrados de Brian, un joven escritor newyorkino y de su colección de rechazos literarios con los cuales ha empapelado su pared, está una mujer Arielle, que lo miró con gusto y que luego se dejó mirar por él: sta película comienza con el clásico estereotipo de la preciosa francesa, esposa de un embajador, que en un respiro fuma en una acera a las afueras de un gran hotel, fuma con una delicadeza tal que atrae a ese joven (una década menor quizá) que al no comprender las reglas distintas del "menage" francés (y de su papel de novio de la mujer con la anuencia del marido-embajador) intentará volarse la cabeza o el corazón con el de ella (huir en pareja).
Los dos están absolutamente enamorados, pero la francesa no podrá desprenderse de su marido y mucho menos de sus hijos pues eso equivaldría a desprenderse de sí misma.
Sin embargo, después de los años y en un encuentro casual: ya cuando han sido forjadas sus vidas: las de todos, las del escritor aceptado por la revista The New Yorker y novelista consumado (con su novela La sirena; la francesa: el amor de su vida: aquello que pudo ser y no será), así como la del matrimonio galo, el anillo por el que apostó el joven novelista: seis mil dólares más los impuestos del premio por su primera novela aceptada, reposará en uno de los dedos de la francesa cuando esta se quite con delicadeza su guante.
Un filme sobre la propia escritura en juego, cuando la vida te dice que no, que el camino que elegiste es el errado y que mires hacia un lugar más sano, aunque menos encantador.
Paúl Puma
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