lunes, 19 de noviembre de 2018

La balada de Buster Scruggs

buster

Los hermanos Coen (valuartes del cine indie estadounidense, que han dirigido películas como Blood simple en 1985 o Fargo en 1996) escribe, dirigen y producen los pequeños 6 capítulos (viñetas) de un libro a veces raro, a veces bizarro, en el que conciben el absurdo (plagado de un vigoroso humor negro) como una suerte de fábula marcada por el corazón del western norteamericano. Los escritores audiovisuales apuntan a la idiosincracia del oeste gringo, a sus mitos y a sus inicios salvajes (podría compararse esta narración entrecortada y prismática, de lejos, con Relatos Salvajes, la película producida por la productora de Pedro Almodóvar: El deseo films por hacer de cada una de sus narraciones una especie para disfrutar bajo su aureola de suspenso y sorpresa final).
Es sumamente poderoso el primer corto, amparado por la luz de la página de un libro revelada por el telón del papel araña (así como están amparados los capítulos de esta narración audiovisual). En él, el pistolero-cantor o cantor pistolero Buster Scrugg (Tim Blake Nelson) se sabe el mejor con su arma: llega a volarle uno por uno los dedos a su oponente, antes de que intente sacar su pistola y (a una distancia larga, que se vuelve prodigiosa cuando Scrugg cree que "debe terminar el trabajo") dispara, mirando a un espejo, para finalizar con el duelo. La enseñanza de este primer texto audiovisual nos permite repensar: "era el primero hasta que apareció otro", "debí haberlo visto venir" (llegar a ser "el primero" es difícil, mantenerse, mucho más).
Después, me interesa el hombre sin extremidades que profesa poesía arrancada de la mejor lírica estadounidense e inglesa  y que es mantenido por su patrón, quien lo explota para sobrevivir, en su teatrino ambulante: el hombrecito será cambiado (su patrón ensaya una piedra y su peso lanzándola sobre un río) por una gallina que sabe contar cuando picotea la cantidad que piensa el público perdido del oeste (gallina calculadora: atracción circense).
Está, por supuesto, ese viejo buscador de oro que logra su veta con tenacidad y que recibe un tiro por la espalda de otro buscador de oro que lo buscaba (vale la reiteración). Cuando el ladrón piensa que tiene su veta, el viejo se levanta y lo ultima: "miserable", le grita.
Luego, que avasallante e irónica es la imagen de la mujer que ha recibido la orden de pegarse un tiro en la frente si queda sin cuidado de un vaquero que acaba sistemáticamente con una decena de indios que lo atacan varias veces. La mujer ha creído que su guardián ha muerto cuando el indio que se escondía en el cuerpo de un caballo ha llegado a tomarle de la cabellera al vaquero y casi le ha quitado el cuero cabelludo cuando el "cara pálida" ha terminado con el emplumado. "Pobre mujer" dice el vaquero.   

Paúl Puma

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