miércoles, 29 de mayo de 2019

El Principito





portada El Principito
No cabe duda que esta adaptación de Mark Osborne (2015) es una severa crítica a la esencialización del ser humano. Los entes maduros que deambulan por la cinta son personas de personas que agachados cumplen con la misión de convertirse en clips. Más allá, en la metafísica del escritor y aviador francés Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944) está la rosa que no se ve entre las estrellas o el pozo que, escondido, descubre la belleza del desierto.
Ahora, tampoco cabe duda de que una buena narración maneja el adiós y la separación como mecanismo dramático elevado que empuja al espectador a las lágrimas del ser que sabe que ha perdido algo o mucho en esta vida. La amistad que se fragua, en este caso entre una niña y un anciano, alberga un corte triste, pero necesario.
Metáfora, tras metáfora, la construcción del filme apunta a la astronomía: las estrellas son los personajes principales: el anciano que contempla a la niña con la sapiencia de que no olvidará, aunque crezca, el jardín perfumado de la infancia: "serás una buena adulta", le dice.
Es una película dirigida a los adultos más que a los niños. Su estupenda banda sonora es portable y transmitible como una voz que se desprende de las risas de un viejo u de un niño, ese que pulula en el firmamento y que limpia su planeta, apenas más grande que él, para desvelarnos el amor por el otro que aguarda en los diamantes que brillan en el éter.

Paúl Puma

viernes, 10 de mayo de 2019

De 5 a 7

Amantes de 5 a 7 (Victor Levin, 2014)

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Más allá de los anhelos frustrados de Brian, un joven escritor newyorkino y de su colección de rechazos literarios con los cuales ha empapelado su pared, está una mujer Arielle, que lo miró con gusto y que luego se dejó mirar por él: sta película comienza con el clásico estereotipo de la preciosa francesa, esposa de un embajador, que en un respiro fuma en una acera a las afueras de un gran hotel, fuma con una delicadeza tal que atrae a ese joven (una década menor quizá) que al no comprender las reglas distintas del "menage" francés (y de su papel de novio de la mujer con la anuencia del marido-embajador) intentará volarse la cabeza o el corazón con el de ella (huir en pareja).
Los dos están absolutamente enamorados, pero la francesa no podrá desprenderse de su marido y mucho menos de sus hijos pues eso equivaldría a desprenderse de sí misma.
Sin embargo, después de los años y en un encuentro casual: ya cuando han sido forjadas sus vidas: las de todos, las del escritor aceptado por la revista The New Yorker y novelista consumado (con su novela La sirena; la francesa: el amor de su vida: aquello que pudo ser y no será), así como la del matrimonio galo, el anillo por el que apostó el joven novelista: seis mil dólares más los impuestos del premio por su primera novela aceptada, reposará en uno de los dedos de la francesa cuando esta se quite con delicadeza su guante.
Un filme sobre la propia escritura en juego, cuando la vida te dice que no, que el camino que elegiste es el errado y que mires hacia un lugar más sano, aunque menos encantador.

Paúl Puma