sábado, 27 de abril de 2019

About love o Cuestión de tiempo (Richard Curtis, 2013)


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Ahora que toco las teclas de mi laptop como si tocara un piano, es decir con las muñecas levantadas y los dedos que ligeramente acarician los sonidos de las palabras, puedo pensar en que la vida se encuentra en este instante, en ese que quiero comprender o deducir cuando junto esa peluza invisible al alzar los dedos juntos de una de mis manos. Este párrafo es presente, pero ya fue/es pasado.
El protagonista de About time Tim Lake (Domhnall Gleeson) tiene en esta historia la capacidad de viajar al pasado para besar a la chica que no pudo cuando se terminaba el año o salvar a su hermana de un accidente de auto. Sin embargo, la única condición o corte que se debe producir para que el no pueda retornar en el tiempo es que una nueva vida aparezca en su vida (una hija, por ejemplo) y, con el dolor de su espíritu, deberá volver con su padre a chapotear cuando era niño por última vez, para despedirlo, al borde del mar.
Es la vida y la muerte y la vida de las familias de todos los tiempos, pero es también el recuerdo enamorado de quienes nos acompañaron y que ya no estarán más.
Por eso, me descubro el cabello ante la esencia que plantea esta película: ya no es necesario viajar a ninguna parte, únicamente VIVIR ESTE INSTANTE Y ESTE DÍA como si no hubiese otro, porque en realidad NO LO HAY. El pasado ya no está, quizás es fruto de nuestra imaginación (alguien o algo nos imprimió memorias arbitrarias o verdaderas o falsas con el rostro de la experiencia, como en esa novela de Philip K Dick: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, 1968, véase también Blade Runner de Ridley Scott, 1982). El futuro es una ilusión, un sofisma, una imagen mental desvaída. Sin embargo, es obligatorio vibrar en las teclas de la laptop. Sentir lo que estoy sintiendo ahora (sin excusarme por el gerundio), así, desde esta ventana y esta ciudad que se llena de luces luego de un triple aguacero: agradecer por el frío tanto como por el calor y por lo que aparece ante mi cuerpo. Así, con los dones y las bendiciones que te brinda la milagrosa vida despampanante. Así, sin pre-ocuparme por las cosas: ya vendrán como tengan que venir. Entonces, el entonces no tiene otro nombre que este, el que menciono ahora, como una murmuración, entre mis labios. El verdadero propósito es disfrutar con la ATENCIÓN que merece este instante y en el mejor esfuerzo de goce, eso que ni el propio Zeus pudo desvelar en aquellos simples moradores de la Tierra llamados mortales o, si se quiere ser más gentiles (gentil, qué cualidad más bella): humanos.  

Paúl Puma