martes, 20 de noviembre de 2018

Relatos salvajes

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Ayer he visto por cuarta vez el filme Relatos Salvajes dirigido por el joven director argentino Damián Szifron (escrito en la compañía de Germán Servidio) y me veo en la obligación de revisar sus otros filmes: Los simuladores del 2002 y Tiempo de valientes del 2005.
La película nominada al Oscar el 2014 recoge seis narraciones espectaculares que están atravesadas por una violencia que explora en los recónditos sentimientos humanos (aquellos que nadie querría revelar como la duda por el asesinato o el insulto leve que puede convertirse en una bomba de tiempo entre dos contrincantes de la carretera).  Aquí, es imposible olvidar de qué manera un conductor "se hace popó" (literalmente) sobre el parabrisas del auto de quien lo insultó, como quien insulta a nadie (eso ocurre todos los días y todo el tiempo en las vías del tráfico de Quito y de la mayoría de las ciudades de este mundo). Si bien es contundente la manera en que los guionistas traducen la pelea a ultranza de los dos (hace poco) desconocidos conductores, llama la atención la música que revelará luego sus rostros carbonizados y el comentario de un policía: "posiblemente crimen pasional".
El conjunto de golpes que uno como espectador/lector recibe cuando todos los pasajeros de un avión que se va a estrellar se percatan de que una persona los envía a la muerte por venganza (imposible olvidar su nombre: "Pasternak"), es supremo en cuanto a la forma en que los narradores audiovisuales desenredan el asunto para llegar a esa imagen en la que un avión explota (la imagen queda detenida) frente a las manos de dos ancianos que veían pasar la vida frente a su piscina (este no es el final del filme, es el inicio, antes de que miremos de frente a animales salvajes).
El ruso estructuralista Vladimir Propp pensó reducir los elementos claves de una narración (la cinematográfica es una) a las funciones: Alejamiento, Prohibición, Transgresión, Interrogatorio, Información, Engaño (este recurso me fascina en el cine), Complicidad, Fechoría, Mediación o momento de transición , Principio de acción contraria, Partida, Primera función del donante (el héroe sufre una prueba), Reacción del héroe, Recepción del objeto mágico, Desplazamiento, Combate, Marca, Victoria, Reparación, La vuelta, Persecución, Socorro, Llegada de incógnito, Pretensiones engañosas, Tarea difícil, , Tarea cumplida, Reconocimiento, Descubrimiento (este recurso es encantador y alivia), Transfiguración (es necesario que los personajes evolucionen, aunque hay sus excepciones), Castigo, Matrimonio (el héroe se casa y asciende al trono). Empero, nunca se imaginó que la Irracionalidad o El absurdo (condición elemental y necesaria del ser humano cuando es expuesto a situaciones extremas) marcarían rutas más allá de la estructura aristotélica (la montaña rusa que piensa en un inicio, desarrollo y final, así como en puntos de conflicto entre protagonista y antagonista, o en ascenso y descenso para llegar al clímax, por ejemplo): esas rutas sintonizan con la narrativa moderna literaria (anticipación, pistas falsas y/o sorpresa: en cuanto a este último elemento se lo podría pensar como consecuencia del engaño), pero también son propiedad del cine.
He reparado en Propp porque Relatos salvajes disuelve estas funciones y las usa magistralmente. Desde esa perspectiva será absolutamente disfrutable ver cómo un hombre al que la grúa se le lleva el automóvil varias veces protesta ante un sistema burocrático de tránsito caduco: explota literalmente el lugar donde la grúa depositó (la palabra está bien) su auto.
Es imposible olvidar a la cocinera demente (¿está demente? no es obvio) que asesina con cuchillo por la espalda a un prepotente postulante a político, haciéndose eco de la "inconsciencia" colectiva de los argentinos, por su situación, frente a los demagogos y malvados abusadores del pueblo (nadie dice que el crimen resuelva algo, es una narración y como tal hay que verla: ficción). También vuelve una y otra vez a la memoria icónica auditiva esa canción de David Guetta: I'm titanium. La he escuchado en todas sus versiones. Mis estudiantes y yo volvemos a emocionarnos por una Verdadera Montaña Rusa Moderna que conduce a un abismo con un final grotesco: después de un matrimonio y champagne y pastel hasta el hartazgo, titila en la mente una sola imagen acompañada por una nueva balada atroz: el muñeco y la muñeca de los casados y una intermitente lluvia de harina.

Paúl Puma     
 

lunes, 19 de noviembre de 2018

La balada de Buster Scruggs

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Los hermanos Coen (valuartes del cine indie estadounidense, que han dirigido películas como Blood simple en 1985 o Fargo en 1996) escribe, dirigen y producen los pequeños 6 capítulos (viñetas) de un libro a veces raro, a veces bizarro, en el que conciben el absurdo (plagado de un vigoroso humor negro) como una suerte de fábula marcada por el corazón del western norteamericano. Los escritores audiovisuales apuntan a la idiosincracia del oeste gringo, a sus mitos y a sus inicios salvajes (podría compararse esta narración entrecortada y prismática, de lejos, con Relatos Salvajes, la película producida por la productora de Pedro Almodóvar: El deseo films por hacer de cada una de sus narraciones una especie para disfrutar bajo su aureola de suspenso y sorpresa final).
Es sumamente poderoso el primer corto, amparado por la luz de la página de un libro revelada por el telón del papel araña (así como están amparados los capítulos de esta narración audiovisual). En él, el pistolero-cantor o cantor pistolero Buster Scrugg (Tim Blake Nelson) se sabe el mejor con su arma: llega a volarle uno por uno los dedos a su oponente, antes de que intente sacar su pistola y (a una distancia larga, que se vuelve prodigiosa cuando Scrugg cree que "debe terminar el trabajo") dispara, mirando a un espejo, para finalizar con el duelo. La enseñanza de este primer texto audiovisual nos permite repensar: "era el primero hasta que apareció otro", "debí haberlo visto venir" (llegar a ser "el primero" es difícil, mantenerse, mucho más).
Después, me interesa el hombre sin extremidades que profesa poesía arrancada de la mejor lírica estadounidense e inglesa  y que es mantenido por su patrón, quien lo explota para sobrevivir, en su teatrino ambulante: el hombrecito será cambiado (su patrón ensaya una piedra y su peso lanzándola sobre un río) por una gallina que sabe contar cuando picotea la cantidad que piensa el público perdido del oeste (gallina calculadora: atracción circense).
Está, por supuesto, ese viejo buscador de oro que logra su veta con tenacidad y que recibe un tiro por la espalda de otro buscador de oro que lo buscaba (vale la reiteración). Cuando el ladrón piensa que tiene su veta, el viejo se levanta y lo ultima: "miserable", le grita.
Luego, que avasallante e irónica es la imagen de la mujer que ha recibido la orden de pegarse un tiro en la frente si queda sin cuidado de un vaquero que acaba sistemáticamente con una decena de indios que lo atacan varias veces. La mujer ha creído que su guardián ha muerto cuando el indio que se escondía en el cuerpo de un caballo ha llegado a tomarle de la cabellera al vaquero y casi le ha quitado el cuero cabelludo cuando el "cara pálida" ha terminado con el emplumado. "Pobre mujer" dice el vaquero.   

Paúl Puma