Ayer he visto por cuarta vez el filme Relatos Salvajes dirigido por el joven director argentino Damián Szifron (escrito en la compañía de Germán Servidio) y me veo en la obligación de revisar sus otros filmes: Los simuladores del 2002 y Tiempo de valientes del 2005.
La película nominada al Oscar el 2014 recoge seis narraciones espectaculares que están atravesadas por una violencia que explora en los recónditos sentimientos humanos (aquellos que nadie querría revelar como la duda por el asesinato o el insulto leve que puede convertirse en una bomba de tiempo entre dos contrincantes de la carretera). Aquí, es imposible olvidar de qué manera un conductor "se hace popó" (literalmente) sobre el parabrisas del auto de quien lo insultó, como quien insulta a nadie (eso ocurre todos los días y todo el tiempo en las vías del tráfico de Quito y de la mayoría de las ciudades de este mundo). Si bien es contundente la manera en que los guionistas traducen la pelea a ultranza de los dos (hace poco) desconocidos conductores, llama la atención la música que revelará luego sus rostros carbonizados y el comentario de un policía: "posiblemente crimen pasional".
El conjunto de golpes que uno como espectador/lector recibe cuando todos los pasajeros de un avión que se va a estrellar se percatan de que una persona los envía a la muerte por venganza (imposible olvidar su nombre: "Pasternak"), es supremo en cuanto a la forma en que los narradores audiovisuales desenredan el asunto para llegar a esa imagen en la que un avión explota (la imagen queda detenida) frente a las manos de dos ancianos que veían pasar la vida frente a su piscina (este no es el final del filme, es el inicio, antes de que miremos de frente a animales salvajes).
El ruso estructuralista Vladimir Propp pensó reducir los elementos claves de una narración (la cinematográfica es una) a las funciones: Alejamiento, Prohibición, Transgresión, Interrogatorio, Información, Engaño (este recurso me fascina en el cine), Complicidad, Fechoría, Mediación o momento de transición , Principio de acción contraria, Partida, Primera función del donante (el héroe sufre una prueba), Reacción del héroe, Recepción del objeto mágico, Desplazamiento, Combate, Marca, Victoria, Reparación, La vuelta, Persecución, Socorro, Llegada de incógnito, Pretensiones engañosas, Tarea difícil, , Tarea cumplida, Reconocimiento, Descubrimiento (este recurso es encantador y alivia), Transfiguración (es necesario que los personajes evolucionen, aunque hay sus excepciones), Castigo, Matrimonio (el héroe se casa y asciende al trono). Empero, nunca se imaginó que la Irracionalidad o El absurdo (condición elemental y necesaria del ser humano cuando es expuesto a situaciones extremas) marcarían rutas más allá de la estructura aristotélica (la montaña rusa que piensa en un inicio, desarrollo y final, así como en puntos de conflicto entre protagonista y antagonista, o en ascenso y descenso para llegar al clímax, por ejemplo): esas rutas sintonizan con la narrativa moderna literaria (anticipación, pistas falsas y/o sorpresa: en cuanto a este último elemento se lo podría pensar como consecuencia del engaño), pero también son propiedad del cine.
He reparado en Propp porque Relatos salvajes disuelve estas funciones y las usa magistralmente. Desde esa perspectiva será absolutamente disfrutable ver cómo un hombre al que la grúa se le lleva el automóvil varias veces protesta ante un sistema burocrático de tránsito caduco: explota literalmente el lugar donde la grúa depositó (la palabra está bien) su auto.
Es imposible olvidar a la cocinera demente (¿está demente? no es obvio) que asesina con cuchillo por la espalda a un prepotente postulante a político, haciéndose eco de la "inconsciencia" colectiva de los argentinos, por su situación, frente a los demagogos y malvados abusadores del pueblo (nadie dice que el crimen resuelva algo, es una narración y como tal hay que verla: ficción). También vuelve una y otra vez a la memoria icónica auditiva esa canción de David Guetta: I'm titanium. La he escuchado en todas sus versiones. Mis estudiantes y yo volvemos a emocionarnos por una Verdadera Montaña Rusa Moderna que conduce a un abismo con un final grotesco: después de un matrimonio y champagne y pastel hasta el hartazgo, titila en la mente una sola imagen acompañada por una nueva balada atroz: el muñeco y la muñeca de los casados y una intermitente lluvia de harina.
Paúl Puma
