Sin filtro o la sombra de la ansiedad (así la llamo yo) hasta el 2016 la segunda peli chilena más vista de la historia de su cine. Escrita y dirigida por Nicolás López (habría que revisar la filmografía de este director: Promedio rojo, Qué pena tu vida, Qué pena tu vida, Qué pena tu familia) contiene todos los elementos necesarios para plantear la enfermedad de este tiempo (llámese modernidad, contemporaneidad, actualidad): la ansiedad. Encierra sus aspectos desde la tragedia-comedia. Se los puede palpar en la misma ansiedad que ahora toca a los más jóvenes con el lema bajo el brazo de Just do it o We can do it. Instituciones que solo ven trabajadores y no personas. Capitalismo frenético que solo ve piezas no seres humanos. No me quiero olvidar de sus contrarréplicas: La sociedad del cansancio de Byung-Chul-han y Elogio a la lentitud de Carl Honoré (deberíamos comprender lo que nos dicen a gritos).La protagonista Pía (Paz Bascuñán) de intersante registro físico, precisamente calla (tiene un enorme grito dentro) y está sometida al mundo en que le han sumergido (buen término) su marido pintor (se cree un Dalí del abstraccionismo, un Pollock sintético) no dejándola dormir por sus ronquidos (no se cambia de camisa nunca). La película inicia así. La pobre mujer no duerme por él y por unos fiesteros españoles del piso de arriba de su edificio. El pintor concentrado no la oye, su mejor amiga chatea mientras conversa con ella (su iphone es una extensión de su pensamiento fatuo), no la oye, nadie la oye. Debe soportar las travesuras de su hijastro de unos 16 años (por ejemplo tiene una polola y un novio y un día ella los encuentra en plena orgía: la polola le realiza un felatio queriéndose parecer a Paris Hilton), también debe soportar a una vieja rica que nunca le cede el paso y con la que siempre se encuentra cuando va al trabajo. Ni hablar de la empresa de internet que le falla cuando más la necesita.
Pía trabaja en una agencia de publicidad 14 años. 10 con el padre y 4 con el hijo que ha llenado su agencia de mujeres bellas que se pasean torpemente como en una pasarela. Ninguna de ellas sabe de publicidad. La imagen está por sobre cualquier atisbo de inteligencia.
Lo interesante de la película es que Pía (medicada por un siquiatra que solo la observa y le receta sin hablar: nadie la oye, nadie la escucha) va a revolucionar su vida cuando va a la trastienda de una chifa donde un chino con cara de charlatán (no lo es, luego mostrará su antifaz, es un chileno filósofo que por el desempleo tuvo que dedicarse a poner papeles ofreciendo salud a mujeres clase A que andan estresadas por el mundo) le va a insertar unas agujas en el lugar donde más le duele a Pía; su pecho, es allí donde reside la angustia cuando se estresa y está casi siempre a punto de llorar.
Inadvertidamente Pía va a vomitar literalmente o verbalmente lo que necesitaba decirle a todo el mundo luego de esa consulta; las palabras del chino-chileno son: NECESITAS EXPRESARTE, SACAR LO QUE TIENES DENTRO. EL DOLOR EN EL PECHO NO REGRESARÁ JAMÁS PERO EMPEZARÁS A HABLAR.
Pía habla y se va abajo el taller de su pintorcito de años que no le aportaba en nada (un artista mantenido que solo quería roncar y pintar cualquier cosa y no dedicarse a las cosas banales de la vida como llenar el refrigerador: es sublime la escena en la que ella debe comerse un pedazo de manzana o el pedazo de una manzana podrida de su refirgerador). Lo despide, se despide de su trabajo confrontando a su jefe (culiado, le dice, tienes una pasarela y yo hago todo el trabajo de esta agencia). Saca a su hijastro de su casa. Incendia el auto del Deejay español del piso de arriba que no la dejaba dormir (él no la volverá a molestar con sus fiestas descomunales). Le saca la puta (expresión nuestra pues en la peli Pía le rompe la nariz de un gran golpe a la vieja rica que nunca la dejaba pasar con su auto). Le saca la puta a la prometida del novio que siempre la persiguió en wathsapp pero que siempre fue como un hijito para su novia, un esposo esposado que no tiene voz ni tiempo ni voto. Nunca pudo desembarazarse de ella y tomar la decisión de abrir un camino con Pía. Le saca la puta a todo el mundo, incluso al empleado ineficiente y burócrata de la eterna y nunca concluida instalación de internet para su departamento. HABLA. DEJA DE CONTENER LO QUE QUIERE EXPRESAR EN SU PECHO. HABLA Y HABLA DEMASIADO. LIBERA LO QUE TIENE DENTRO. Lo hace de una manera tan preciosa que lo último que hará en el filme es tomar unas cuantas cosas y abandonarlo todo para aprender a convivir con ella misma. No estará sola, ojo. Vivirá con ella misma.
Pdta. En la película se habla del perdón. El perdón está equivocado: solo consistiría en darle al que se merezca su merecido y punto. Nada más. Sin violencia. De manera asertiva. Lo que ocurre es que a veces el camino de la liberación inicia violenta, aparatosamente pero luego se lo puede encausar.
Paúl Puma
