lunes, 27 de julio de 2009

Match point


Un desenmascarador juego para descifrar la condición humana, el bien y el mal, la pelota de tennis que después del saque está a punto de cruzar la red y que se queda detenida para acompañarse de la frase de un Sócrates Alleniano: "Mejor hubiese sido no nacer para no morir".

La misma pelota que se queda suspendida en el aire después del choque con la red se convierte en un anillo ya casi al final de esta trama urdida con el fino estilete del autor (un ingenioso director con bajas y altas capaz de enamorarnos con Manhattan, Annie Hall y de insultar a nuestra inteligencia con Vicky, Cristina, Barcelona donde apela a los estereotipos que él mismo creó a lo largo de su bien nutrida trayectoria).

Ese anillo que lanza el amante con un grupo de joyas para deshacerse del premeditado crimen que acaba de cometerle a su amante Scarlett Johansson, la mujer, la actriz mediocre que al inicio exhudaba sensualidad pura y que después se convertiría en el obstáculo a salvar para ingresar con ínfulas al jet set royal england.

Una pieza sensacional donde el azar actúa desde las entrañas del filme. Permite que el escalador irlandés, Jonathan Rhys, se junte a una familia aristocrática inglesa y después se matrimonie con el corazón de dicha familia.

Azar + esfuerzo= éxito.

Éxito= fortaleza incluso en los peores momentos, cuando el inspector lo analiza después de haber encontrado el diario de su amante (único detalle a olvidar, olvidado) después de realizado el crimen perfecto.

Éxito + azar= esfuerzo.

Esfuerzo= sangre fría por los muertos que se dejaron en el camino para alcanzar un fin "supremo".

Esfuerzo + éxito= azar.

Azar= osadía de esa esquina que encontraría a los amantes desprevenidos de la realidad pero deseosos.

Azar de esa lluvia que los bañaría en ese trigal al que él acercó su mirada por hastío.

La hipótesis muy bien resuelta en esta memorable película.

PP